Ante las vivencias adversas, situaciones difíciles que nos ponen a veces hasta a dudar de la existencia de Dios, por lo absurdas e indescriptibles, necesitamos una luz que nos abra nuevamente el camino al corazón y a la confianza.
William Tucker lo logra a través de sus experiencias que nos va contando y nos sumergen en el maravilloso mundo de los milagros, eventos que nos va contando con una sencillez y una credibilidad inigualables, que nos contagian y atrapan, logrando que no soltemos el libro hasta no terminarlo.
Hermoso libro, pleno de luz y de fe que nos hace ver la vida bajo un nuevo brillo y nos devuelve la alegría de movernos en este mundo maravilloso. Todo es de acuerdo al cristal con que se mire y el color de este mensaje es el de un destello rutilante que nos invita a seguir vivos, a no desfallecer aun en las peores circunstancias ni en los peores momentos que nos depare el destino. Aunque el libro se enfoca en el concepto de un Dios omnipotente, lo podría leer cualquiera, sin religión aparente, pues el mismo autor se confiesa ateo en los principios de su vida. Qué es el ser humano sino el artífice de su propio destino ¿ Por qué muchas veces perdemos la fe en nosotros mismos? Todos tenemos nuestros propios inconvenientes, y en nuestros momentos de desesperanza dudamos de todo, nos cuestionamos y nos sentimos culpables. Esta situación está muy bien descrita en varias de las experiencias que nos cuenta el autor, llevándonos a identificarnos con situaciones similares de nuestra propia vida. Situación que nos lleva a la hilaridad, a reírnos de nosotros mismos. Ver nuestras propias debilidades reflejadas en la vida de otro ser humano que ha pasado por lo mismo, nos identifica y hace más creíble el resultado de los milagros.
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